Revista Túnel: Pasión, pero con ciencia

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Revista Túnel: Pasión, pero con ciencia

JORGE GIORDANO, DIRECTOR TÉCNICO DE WANDERERS
PASIÓN, PERO CON CIENCIA
Por Emilio Martínez Muracciole

La promesa para entrevistarlo fue hablar de fútbol; del fútbol para adentro de la cancha; del entrenamiento y del entrenador. La búsqueda de pasar a papel lo conversado es multívoca, pero por sobre todo intenta aportar un insumo perenne (o que por lo menos vaya mucho más allá de circunstancias tales como un club o un momento de un campeonato puntual); un insumo para quienes ven o pretenden ver en el fútbol un poco más que anécdotas de jugadores y partidos, que en definitiva sería como pretender hablar del mar conociendo únicamente la costa, donde rompen las olas, y lo que más o menos se ve desde ese lugar.

Tiene 52 años y gestos de eterna seriedad que al que no lo conoce le pueden construir un muro de antipatía inquietante; una barrera que impide rascar en su esencia. Tiene fama de metódico, riguroso y profundo. “Con gran sentido de la profesionalidad”, dice la biografía de su sitio web, jorgegiordano.com. Admite que le apasiona lo que hace, pero que por sobre todo lo disfruta; aunque se nota que no le alcanza. Habla y deja en evidencia que si algo le preocupa sobremanera es el sentirse estancado en saberes y manejos. Giordano, parece, está todo el tiempo pensándose a sí mismo, en lo que hace, porque entiende que debe mejorar en su trabajo no sólo construyendo los caminos por los cuales avanzarán sus jugadores sino también observando el trillo que ellos van formando con sus virtudes, incluso cuando pueden estar lejos de su paradigma particular. Repensar y repensarse parecen ser dos consignas silenciosas de un entrenador que inconscientemente, cuando habla de fútbol y cuenta qué hace a diario y cómo pasa al terreno de lo concreto aquello que conceptualmente es mucho más sencillo para transmitir, cierra siempre o casi siempre sus intervenciones concluyendo, tímidamente entusiasmado –como si lo razonara por vez primera–, que “entrenar es un arte”, y que “es apasionante”.

 

¿Cómo fue el proceso de pasar de jugador a entrenador?

Siempre fui muy autocrítico y analítico sobre mí. Obviamente, mi sueño era ser un futbolista profesional de trascendencia, pero en la medida que fue pasando el tiempo noté que no lo iba a lograr; por falta de cualidades. Empecé, de algún modo, a estudiar a mis entrenadores. Tuve la suerte de que se me cruzaron en el camino, como entrenadores, Mario Patrón y Gerardo Pelusso. Ahí me empecé a parar en la vereda del entrenador y a encontrarle explicación a una cantidad de cosas. Me decidí por el primer paso, que es el reglamentario: hacer el curso. En síntesis ocurrió que empecé a pensar como entrenador cuando me di cuenta de que en el fútbol podía seguir jugando, pero no iba a ser mi medio de vida ni iba a trascender. Preferí tratar de ser un buen entrenador.

 

En un tiempo, entonces, fue jugador pero con cabeza de entrenador.

Yo diría que entre los 25 y 30 años, que fue cuando dejé de jugar, jugaba pero pensaba el juego; lo entendía.

 

Cuando se pone esos lentes, los de entrenador, ¿qué cambia?

Cuando empezás a investigar sobre el juego y podés jugar entendiéndolo, el rendimiento es mayor. De hecho empecé a jugar mejor cuando era grande, porque antes no entendía el juego y nadie me lo había explicado. Lo empecé a entender a partir de Mario Patrón y de Gerardo Pelusso, y entonces empecé a leer, a estudiar. Estoy en ese trayecto de tratar de ser un entrenador.

 

Un trayecto. Siempre se sigue avanzando…

El entrenador nunca deja de formarse. Es todo muy dinámico. Siempre hay metodologías nuevas. El ámbito del profesionalismo es sangriento, porque si ganás sos muy bueno y si perdés sos un desastre. No es así, pero es la ley del juego. Entonces uno siempre está en el trayecto, viendo hasta dónde puede ir.

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Decía que no fue un jugador destacado en el fútbol profesional. Es de imaginar que ese aspecto hace que el camino recorrido para llegar a ser director técnico de un club sea más largo que para la mayoría.

Por ahí andan cosas que uno lee, como por ejemplo que la constancia es más importante que la inteligencia. Yo no lo tengo muy claro, pero toda nuestra carrera, la de todos los que estamos en el cuerpo técnico, ha sido a base de constancia, de preparación, de formación y de dar exámenes continuamente. El futbolista de trayectoria tiene oportunidades muchas veces, pero los que no jugaron a gran nivel tienen pocas oportunidades. Para nosotros es importante mantenernos y estar en esa parrilla de entrenadores que siguen trabajando.

 

Cuando era entrenador en Florida, tanto de Atlético Florida como de la selección, el tipo de juego de sus equipos era muy diferente al que se pudo ver en Juventud y más diferente todavía al de Wanderers. Si bien están las lógicas diferencias de niveles entre el amateurismo y el profesionalismo, está claro que siempre hay una matriz que imprime el entrenador. Cualquiera que haya visto ese cambio podría decir que esa matriz varió. Sus equipos pasaban de la zona defensa hacia el ataque en envíos directos; tenían menos manejo de la pelota en el mediocampo; y ejercían mayor presión ante la salida del rival. En esta etapa sus equipos tienen una mayor apuesta a la posesión, al cuidado de la pelota y aspectos que van por esos carriles. ¿Eso tiene que ver con las características y propuestas de los últimos clubes –especialmente Wanderers– o con un cambio en su estilo de juego?

Se dan las dos cosas. El modelo de juego lo dan las características de los futbolistas. Acá hay un problema grande: si no te formás, sabés entrenar sólo de una manera. Eso limita la acción; te volvés elegible sólo en los equipos que proponen eso que vos entrenás. He tratado de tener una formación amplia que nos permita plantear cosas en un equipo que tiene necesidades de descenso y otro tipo de cosas en un equipo que tiene necesidades de copa. Y además hacerlo respetando la idiosincrasia del club. Pero si no tenés formación, ¿cómo hacés para ir mutando el trabajo? Eso es lo esencial del entrenador: tener posibilidades para las tareas que se le presentan. Hay que adaptarse a los cambios que se dan en todos los órdenes. Hay maneras de jugar, hay modelos de juego, y de acuerdo a la calidad del futbolista que tiene debe intentar desarrollarlo. Siempre decimos que uno de los principales deberes de los entrenadores es que el futbolista rinda más de lo que lo ha hecho hasta el momento; que con la propuesta eleve su rendimiento. Si bien soy un tipo temperamental y apasionado, sé que teniendo más el balón aumentan las posibilidades. Si me preguntás si me gustan esas posesiones de América a Olímpica, no, no me gustan. Me gusta un equipo práctico con posesiones directas y que sea profundo. Después vendrá la discusión sobre qué es jugar bien, qué es jugar mal y todas esas cosas, pero a mí me gusta jugar bien al fútbol en razón de algo. La regla del fútbol dice que gana el que hace más goles, entonces ese es el desafío.

 

Si uno mira el estilo que ha sostenido Wanderers en los últimos años, piensa que hay aspectos en los que es mucho más lo que el técnico tendrá que adaptarse a Wanderers que el equipo al estilo del técnico.

Es por la formación de los futbolistas. Tienen muchísima técnica, tienen un juego de posesión, y todo eso no se puede desconocer. Es algo que empezó con Daniel Carreño hace muchos años y lo continuaron muchos entrenadores. Ahora soy uno de los que está en ese proceso, y lo trato de continuar. Hicimos un razonamiento bien lógico. ¿Cómo juega Wanderers? Juega bien…

 

Está reconociendo que eso es jugar bien…

[Hay una sonrisa, pero es casi imperceptible]. Bueno, entonces a eso vamos a dejarlo quieto. ¿En qué podemos mejorarlo? ¿Podemos ser más profundos? Sí, podemos. ¿Podemos ser más intensos? Sí, también. ¿Podemos ser más combativos? Sí, podemos. Ese razonamiento se lo planteamos a los futbolistas. “Si ustedes tienen todo eso y ahora nosotros le mejoramos esto otro, ¿las posibilidades de ganar son más o menos?”. Son más, así que vamos a sumar cosas que creemos que podemos aportar.

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Cuando dice que se puede ser más combativo, profundo e intenso, no dejan de ser conceptos. Cuando hay que pasar a la vía de lo concreto en el entrenamiento, ¿qué se hace?

El gran tema siempre es articular la teoría con la práctica. Tenemos siete u ocho ejercicios de cabecera que van en la línea en la que ha estado Wanderers, y a esos ejercicios les agregamos algunas pautas, algunas reglas que hacen cumplir los objetivos que queremos.

 

El profesor Óscar Ortega, entrevistado para Túnel por María Cappa, habló de entrenamientos según tipos de juego. Porque un equipo que juegue al contragolpe necesitará un entrenamiento diferente al que siempre tiene la pelota. Entonces también hay entrenamientos diferenciados por jugador según sus recorridos, intensidad y demás.

Sí. Hay que hablar de lo individual, del sector y de la línea, porque los movimientos son asociados. Si soy un entrenador profesional, tengo que transformar individualmente al futbolista en un sujeto experto de la función. Alguien que conozca todo de la función en lo ofensivo y en lo defensivo. A su vez también las transiciones. El equipo, además, se compone por líneas que funcionan de manera asociada: según lo que hace mi compañero, hago yo. A eso, que también tiene un requerimiento físico, lo tengo que entrenar. También está el tema del sector. Si el sector derecho tiene velocidad debe hacer determinadas cosas, pero el sector izquierdo, que no tiene velocidad pero sí mucha técnica, no puede tener una ejercitación a base de velocidad porque no es la característica de los jugadores. Entrenar es un arte.

 

Que el jugador debe hacerse experto en su posición, pero –imagino– también experto en el esquema que trabaja el entrenador, ¿puede responder preguntas como por qué hay jugadores que son titulares en la selección pero no en su club?

Se puede explicar por lo que busca el entrenador. De repente la cualidad del futbolista en la selección es prioritaria y por eso juega. Hablando a nivel general, transformarse en sujeto experto no es sólo con el entrenamiento sino que la experiencia cuenta un montón; también la propuesta que dé el entrenador. Algo fundamental también es que el jugador sepa para qué está entrenando. Por qué, cómo y para qué son aspectos fundamentales. No es lo mismo plantear un ejercicio que el futbolista haga sin saber para qué, que plantear el ejercicio y darle el concepto, el objetivo y que él sepa para qué lo está haciendo. Eso seguramente le eleva el rendimiento y lo hace entender el juego. Lo hará un futbolista pensante que seguramente tomará decisiones acertadas en el momento del juego.

 

Es de imaginar que en un plantel hay realidades muy diferentes para captar los conceptos. En esa heterogeneidad no debe ser sencillo conseguir la abstracción de cada jugador cuando se transmite la idea.

El futbolista es muy inteligente. Está el tema de la bajada a tierra, donde en un ámbito tendrá que manejarse de una manera y en otro de otra. Pero el futbolista es un ser noble, y cuando ve seriedad y una propuesta, entrega el corazón. Tengo un gran respeto por el futbolista, porque además es muy inteligente. Si el entrenador lo ayuda con el concepto el jugador es capaz de resolver por sí mismo. En el libro Los once poderes del líder, [Jorge] Valdano dice una cosa magnífica: a veces el futbolista soluciona lo que un entrenador nunca hizo, pero ese entrenador es capaz de sacar patente. También hay grandes entrenadores que no han podido salir a hacer cosas más importantes pese a grandes trabajos. Pero en sí ocurre que el futbolista es capaz de poner al entrenador en lugares en los que este nunca soñó, porque el futbolista es todo eso que te dije y es muy inteligente.
Y entrenar es un arte. Es fascinante, apasionante. Tenés que ver cómo llegás a ciertos lugares con distintos métodos. Las conversaciones personales con los futbolistas son todas distintas, porque son todos distintos. Es una gestión de recursos humanos muy interesante. Hoy estoy convencido de que una sola persona no lo puede hacer. Antes el entrenador era el responsable de todo; delegaba poco. La función del entrenador ha cambiado. Hoy el equipo técnico es el que trabaja, aunque obviamente alguien tiene que liderarlo. En esa función de liderazgo lo fundamental es hacer brillar al compañero de trabajo, que se sienta y sentirlo como parte de la organización, que es parte del trabajo, que tiene participación, y que es considerado en lo que dice. Eso sería gestionar el equipo técnico, y esa gestión va a traer beneficios a la hora de gestionar el entrenamiento.

 

¿Qué es lo que más tiempo ocupa en su cabeza?

Que uno no puede dejar de actualizarse. No se puede pasar mucho tiempo sin estudiar, por lo menos para reafirmar o repensar lo que ya se tiene. La cabeza pasa por muchas cosas. Pasa primero por tener claro lo que se va a hacer. Plantearse qué es lo que vamos a hacer esta semana, cuáles son los conceptos que vamos a trabajar, y después de eso cuáles son los ejercicios o juegos que tenemos que encontrar para desarrollar esta tarea.
La planificación se divide en muchos ámbitos, tanto en lo que es lo deportivo como lo administrativo, pero lo que lleva más tiempo es gestionar el entrenamiento, preparar el partido, el postpartido y trabajar sobre cómo se va a recibir a los jugadores después del fin de semana tanto si ganaste como si perdiste; el equilibrio: cuándo apretar y cuándo no. Es todo un manejo apasionante. Es un arte. Entrenar es un arte.

 

¿Se podría decir que no es de morir con las botas puestas?

Tengo una estructura de trabajo. Tengo un programa. Tengo muy claro para qué lo voy a hacer y cómo lo voy a hacer, pero cuando empiezo a identificar que durante el juego hay cosas que se repiten por virtud de los jugadores, sería muy obtuso si no las aprovechara. Debo identificar todo lo bueno que a veces hacen por cualidades.
El secreto de la planificación es que es flexible. Al planificar, uno prevé. Pero si en el camino aparece algo que hay que replanificar, se tiene que hacer. Si hay ciertos trabajos que no están dando resultados, hay que cambiarlos. Lo mismo cuando los jugadores hacen cosas por potenciales propios; a eso hay que explotarlo. Es como observar a alguien y ver lo que no se ha visto. Esa es también la función del entrenador: ver donde otros no ven. Veo tal o cual cualidad o característica, y para ellas hay que hacer ejercicios porque trabajarlas nos puede hacer ganar un partido.

 

REGLAS CLARAS CONSERVAN AL ASISTENTE

En más de una oportunidad, durante la entrevista, Giordano puso el rol de los asistentes en un plano muy cercano al de la horizontalidad respecto al entrenador. En todo caso, apunta, él es el que lidera ese grupo (al suyo lo integran Amaranto Abascal, Juan Ferreri y Eduardo Arismendi, conjuntamente con el profesor Juan Alzamendi). “Están prohibidas las conversaciones en voz baja. Todo tiene que ser transparente. Claro que hay discusiones fuertes desde lo conceptual hasta en el manejo, pero nos fortalecen. No todo es color de rosas, sobre todo cuando todos tenemos ideas y se da participación. Hay que decidir qué hacer y qué no hacer. Se planifica en función de conceptos que tenemos todos. Esa es la función del que lidera. Así como los entrenadores tienen que hacer crecer al futbolista, el que lidera el cuerpo técnico tiene que hacer crecer a los entrenadores”.
Admite que es “bastante riguroso en cuanto a la formación”. Al menos cada un año y medio los miembros del cuerpo técnico “deberán tener una formación en algún curso” que luego tendrán que volcar en el grupo. “Si cada 18 meses alguien no hace una formación de algo, sale del cuerpo técnico”. Lo dice golpeando la mesa y se da cuenta de la escena. Entonces se ríe decididamente por primera vez en casi una hora de conversación. “Soy bastante insoportable, ya sé”.

 

Eso habla de un rigor, pero es de imaginar que alguien con ese rigor al momento de la autocrítica debe ser autodestructivo.
Sí, es verdad.

 

Cuando comienza con la introspección, como que llega un momento en que hay que parar un poco…
Sí. Mi padre en ese sentido me ayudó mucho desde lo empírico. “Jorgito, mirate al espejo”, me decía. Cuando me veía medio conversador me decía “andá a mirarte al espejo un ratito. Mirá que no sos todo lo que pensás”. Mi familia también me ayuda mucho. Mi señora, que es psiquiatra, me ayuda mucho hasta sin que me dé cuenta. Me ponen en mi lugar. Por suerte trato de ser autocrítico, de mantener un equilibrio, pero todos precisamos ayuda.

 

DISFRUTANDO AQUÍ Y AHORA

Salir fuera de fronteras es, para un entrenador, la posibilidad de explosión. Giordano lo sabe, y ha tenido que rechazar alguna oportunidad. Es que para ello se depende de varios factores; en buena medida, de las estructuras familiares. “No todo es el dinero. Estoy en una etapa en la que quiero disfrutar lo que hago. En Wanderers estoy disfrutando, tanto de los compañeros de trabajo como de los jugadores. Dirigir a Wanderers es un prestigio. Me gusta la docencia y después llegar a mi casa y estar con mi familia. Eso lo puedo hacer acá en Uruguay. Claro que si hay algo que te cambie la vida se puede hacer un sacrificio, pero tendría que ser muchísimo, porque hoy en día tengo un entorno que estoy disfrutando mucho. En otros momentos no me ha pasado”.

 

¿EL MAYOR LOGRO EN JUVENTUD?

Creo que fue el tiempo de trabajo y que la gente confiara en eso, en el trabajo, y no en los resultados, porque los resultados en un momento fueron muy malos. Eso no es sólo mérito del cuerpo técnico, sino también de la institución al aceptar que ese es el camino. Ese fue un logro y creo que a nosotros nos posicionó.

 

LA CARRERA

En Florida Jorge Giordano fue futbolista del club Atlético y de la selección del departamento, con la cual se consagró campeón del interior en 1990. El director técnico era Mario Patrón, y entre los compañeros de plantel estaban Jesús Cono Aguiar y Gustavo Iturburu.
En Montevideo estuvo seis meses en Liverpool y cinco años en Villa Española. Retornó al Club Atlético Florida en 1995, para retirarse ese mismo año.
Atlético fue el primer club que entrenó. Luego dirigió la selección de Florida. En el profesionalismo se inició como asistente de Rosario Martínez en el Guabirá de Bolivia, en 2002. Entre 2003 y 2008 fue asistente de Gustavo Matosas. En 2008 asumió como director técnico de Fénix, con el cual un año más tarde obtuvo el título de segunda división. El trayecto recorrido después: Danubio, Rampla, CNI (Perú), Racing, Juventud de las Piedras y Wanderers.

 

Fuente: Revista Túnel

By | 2018-03-13T18:38:40+00:00 junio 7th, 2017|Noticias, Prensa|0 Comments

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